martes, octubre 14, 2008

Memorias con Alzheimer

Cuando era adolescente tenía buena memoria, retenía las cosas y sucesos con cierta facilidad, colores, hora, ropa, días, meses, personas, incluso palabras; momentos que se hicieron memorables y muchas veces nefastos con los amigos, con la familia, con la enamorada y su infidelidad, la llegada de un nuevo amor y los sueños de a uno, aquellos que no son compartidos ni en broma; con el llanto de alguien y la desdicha de haberme conocido, el asalto a mano armada que me lleno de impotencia una noche de septiembre, el beso que no se porque lo di, el sujeto que me vendió mi primer porrito y que lo fume con nostalgia por una soledad a la que me había aferrado, recordar la primera vez en que ame a alguien en cuerpo y alma y me dio la dicha de ser su primer amor, las lagrimas que hice brotar a alguien por alguna tontería mía, por mi desorden emocional y mi inmaduro pensamiento de creerme lo que no era; de mis sueños, planes y proyectos a largo plazo, el deseo de tener una familia y la intención de no serle infiel a mi soledad; de las bofetadas que me gane y que se apaciguaron en una noche hecha con amor y odio; de los cuerpos que perpetre y me dejaron hermosos recuerdo y heridas en el corazón.
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Cuando a mi abuelo le detectaron Alzheimer, ese mal que borra de tu memoria todo lo que fuiste pensé que era una forma hermosa y sublime de ir acabándote, pero pensé en que seria injusto, porque las personas que vivirán contigo hasta el final de tus días te recordaran con simpatía y estima, mientras que en tu inconciente no sabrás quienes son y que hacen ahí, pero te dirán quedito al oído lo bueno y divertido que fuiste, lo ameno y lo importante que resultaste en sus vidas, el Alzheimer ayudaría a borrar las cosas malas que hiciste y el deterioro de la enfermedad determinara el perdón de aquellos hechos y malos ratos o probablemente una verdadera o fingida compasión por ti.
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Durante mucho tiempo mi Alzheimer ha ido borrando y sanando heridas, de ello me ha servido conservar la amistad y cariño de Carola que a pesar de todo el daño emocional que le hecho vivir ha perdonado con bondadoso corazón mis infidelidades durante el tiempo que nos toco vivir, nuestra larga relación nos ha llevado a conocernos mucho y a darnos cierta autoridad para decirnos las cosas en la cara, amonestarnos con cariño y compartir grandes momentos, esos que mi Alzheimer no podrá borrar.
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Mi Alzheimer ha borrado momentos en que amanecí en la calle enfrentándome al acecho de la noche y al calor de un cigarro mal armado, a una cerveza tibia que no calmaba una sed arreciante, pero que se llevaba como una ola en la arena una cicatriz en el recuerdo; me ha permitido vivir momentos angustiantes en lo que he aprendido a madurar y entender mi destino, a saber que mi deambular neardentalense iba tomando forma y sabia que mi díscola vida tenia que tener un termino.
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He borrado noches en que he llorado de tristeza e impotencia, de emoción y de añoranza, de recuerdos y decepciones, del primer beso y la nefasta infidelidad sufrida; He perdonado a Elisa por ello, he asimilado el momento, me costo en su momento saber que la había perdido cuando más la necesitaba, su deslealtad endurecido mi sentir y a ver las cosas con cautela y con calma, Elisa jamás acepto que se equivoco pero recurrió a buscarme 8 años después, a pesar de que la última vez nos despedimos mandándonos tan lejos como podíamos, pero nos volvimos a ver para hacernos el amor con un suplicante interés que no existía en mi y que sirvió para dejar las cosas en su lugar y sobre todo para dejar de odiarla.
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He sacado de mi mente momentos colegiales donde la inmadurez propia de la edad hacen que un niño quiera ser popular en el colegio, ser el nerd del salón no es del agrado de nadie, ser sometido a bochornosos incidentes que desataban la risotada propia de los desadaptados compañeros, cuando no existe en tu vida el concepto de tener correa y llegar a tu casa a llorar por no ser el “faite” de tu salón, por no ser tan popular como sultano o mengano, pero el destino me ha ido regalando amistades que toman un interés por ti, donde eres el centro de sus vidas y el giro suele ser asombroso… aunque el colegio tiene sus cosas, se recuerda con cariño.
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Hay amores que prefieres olvidar y de por vida, esas personitas que ya no creen en ti por alguna razón, porque piensan por ti agobiándote en esa rutina de que siempre serás infiel, y que “tus mujeres” y miles de tonterías más. Te juzgan, te recuerdan cosas que tu ya no recuerdas o no quieres recordar, donde la paz completa no existe en su diccionario, donde la concordia no prevalece y la constante discusión de que “no nos entendemos”, terminas por descubrirlo una mañana donde despiertas dispuesto a sanearte y pensar en positivo, donde piensas que una persona no puede quitarte el lujo de ser querido, donde analizas y cuestionas una y otra vez ¿Qué estoy haciendo con ella? Y te decides firmemente “No más”, sientes que tu vaso rebosa en liquido (o bilis), donde la paciencia se te ha acabado de una vez por todas y como dijo “cortar de raíz”, te das cuenta de que has perdido el tiempo con una persona que no te valora en lo poquito que puedas dar y puedas decir, en lo calidad de las palabras y no en la cantidad de los hechos, terminas por decir “Culmines Totuus” y empezar de nuevo… lo más risible es que la persona esta tan lejos, aunque por un lado mejor así pero las ganas de detestarla en persona siguen perennes.
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Mi Alzheimer ha borrado sucesos que han hecho de mí en algún momento la persona más insensible y a la vez la más querida, mantengo mi política de decir que “no le puedo gustar a todos” y mejor así… porque ni yo mismo me soportaría.
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Al final de mis días, probablemente con Alzheimer, mi epitafio dirá “Aquí yace quien no termino por decirnos todo”.

viernes, septiembre 12, 2008

Recuerdas Lu

¿Recuerdas como nos conocimos?, yo creyendo que eras una persona con aires de leyenda, pensando que eras el centro de algo inexistente, que te creías una Coca Cola en el desierto, que buscabas ha alguien que no se si llegó por el campus de la universidad, como un reloj siempre a la misma hora, empinada para mirar sobre los demás a tu compañía que quedó en esperarte pero final siempre era el mismo, verte sola entrando a tu salón.
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Tu presencia se hizo notoria un día en que te sentaste delante mío y tu aroma fresco como recién salida de la ducha, un aroma inocente, a jovencita inocente, tu cabello ensortijado, enrojecido por algún tinte, tus hombros descubiertos dejándolos a que el sol los someta a su antojo, los hombros descubiertos para que el que este cerca (vaya suerte la mía) pueda percibir de que el sol estaba haciendo un trabajo preciso y excelente en tu piel.
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Tus ojos al mirarme coquetean, se que me vas a decir que no es cierto, pero al verlos tu mirada se confabula con tus lentes de simpático color, tus labios finos y que podría percibirlos suave, tersos, frescos se dirigieron hacia mi ¿Quién es esta chica que nunca había venido a clases y que estaba perdida en cuanto curso entraba?, ¿sabia acaso esta creída donde estaba parada?... pensé en un primer momento, pero tu voz me termina por conquistar y me someto a tu breve interrogatorio.
- Una consulta ¿estas al día en este curso? (preguntaste)
- Si (conteste)
- Puedes prestarme tu cuaderno para sacarle copia y te lo traigo.
- Claro, no hay problema.
Y nada más… tenía la necesidad de querer alargar la conversación, pero prestaste atención a la clase hasta que terminara y nada más. Al termino de la misma (que no recuerdo cual fue) salí junto contigo, te preste el cuaderno, sacaste copia y lo regresaste, pensé en ti por un momento, contemple tu rostro, tus ojos y también tu cuerpo mientras te alejabas de mi y no me quedo otra que seguir con mi día.
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Entre a mi clase de informática, el salón a oscuras y la llamada de atención de la profesora a alguien que llegaba tarde a clases, y otra vez tú, un sitio coincidentemente a mi lado se reservaba para ti, y fingiendo sorpresa te vuelvo a saludar entonces la ansiada conversación se prolongo en el oscuro salón de informática, me contaste de tu enamorado, de donde vivías, de tu celular que acabas de perder y pronosticabas de la futura perdida del que tenias, intercambiamos correos y celulares, me encantaste con tu sentido del humor, con la inteligencia con que tomabas las cosas, tu carisma, tu sonrisa, enteramente tú.
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Y nos hicimos amigos con el transcurrir de los días y nos hicimos medianamente inseparables, formamos un grupo de trabajo ya que tus continuas faltas te dejaron fuera de las demás y no me quedo otra que hacerlo contigo, hicimos alguna exposición seguramente, conversábamos más que hacer tareas, caminábamos grandes tramos antes de embarcarte, tomabas mi brazo para sentirte más acompañada, te conté de mis planes y uno que otro proyecto… hasta que una tarde cuando deambulábamos por las calles cercanas a la universidad, previamente por el malecón de Miraflores te dije lo afortunado que era estando contigo, tu clásico silencio era señal de que el mensaje había sido recibido, ya en el paradero tu labios impolutos se acercan a mi con la caricia suave de perderme y recordarte hasta el lunes.
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Cuando te recuerdo, recuerdo la vez que fuimos al cine a ver un estreno y que nos tuvimos que sentar en primera fila con la mirada al techo para ver el ecran, la vez que nos encontramos para tomarnos un café que siempre quedo pendiente, café que siempre excusé para invitarte y que siempre será un motivo para volverte a ver; recordé las veces que nos hemos llamado por teléfono hasta tarde, sumergiéndonos en una tertulia nocturna diciéndonos cosillas, de que me gustas, de que me gustaría estar contigo y tu silencio me recordaba que tu no estabas sola.
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Empecé a contemplarte más como mujer y a pensar en ti de manera sugestiva, mensajes subliminales trabajaban de manera que puedan convencerte de que empecé a desearte, y se dio un miércoles… un miércoles que tuvimos que mentir con las tareas y nos encontramos, y recordé la noche que pasamos juntos enseñándote mi colección de música árabe y nos enamorábamos con la música de Coldplay… la música enfundaba de nerviosismo y timidez hasta que nuestros labios se juntaron y el beso largo nos llevo hasta la habitación y empezamos con ese cortejo para hacerte mía… nuestra primera vez juntos fue mágica y tierna, me confirmo que en verdad empezaba a amarte, pecamos juntos y huimos de ahí antes de que nos descubran.
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Durante mucho tiempo nos veíamos poco y nos llamábamos mucho, volví a verte con tu cabello negro azabache, preciosa, fresca y conversamos recordándote nuestro momento juntos y evitaste por momentos tocar el tema, un nuevo individuo asomaba en tu vida, y te despediste de mi para siempre y no pude dejarte ir… unos años después al verte otra vez lo corrobore.
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Cuando regresaste nos volvimos a encerrar a estar juntos, a querernos, a amarnos y nos hicimos infieles, engañamos a quienes nos esperaban en casa, a quienes nos gustaron durante nuestra ausencia, nos entregábamos al máximo, tu piel con la mía encendía dantescamente cada tramo de un placer inexplicable y un amor guardado sin saber cuando sacarlo.
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Un tiempo después cerraste para siempre esos momentos, me pediste que te dejara de venerar como hasta entonces, tu actual pareja (presumo yo) me ganaba la batalla por retenerte y comprendí lo que muchos años atrás venias diciéndome con tu silencio… querías ser mía, sin la necesidad de escondernos, de sentirte segura en mi brazos sin la necesidad de pensar en el otro, de confiarme no solo tu cuerpo si no tu alma, entendí que en verdad querías algo serio conmigo, entendí que no querías ser mas mi amante, la mujer que me compromete a pecar, aquella que se desnuda sin el prejuicio de ser ajena, que me permitía explorar su cuerpo sin tabúes, que me dejaba darle el beso exacto en lo más profundo de su ser… recuerdas Lu… perdóname por no haber sido el hombre que querías o que esperabas, perdóname si te he puesto en aprietos muchas veces, perdóname por no haberte dicho lo feliz que me hiciste, perdóname por escribirte esto.
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Yo aún te recuerdo Lu… y se que tu también.

miércoles, septiembre 03, 2008

Amada amante

Fausto y Carmela se casaron hace un par de años atrás, una larga relación los llevo al altar un sábado de octubre; familiares y amigos fuimos testigos de una pareja inolvidable, con una costosa y fastuosa ceremonia, una hermosa limosina traía a la novia junto al padre, Don Anselmo ayuda a bajar a su preciosa hija que victima de los nervios se atasca con tan agrandado vestido con el borde de la puerta. Fausto, de smoking, estaba en la puerta de la iglesia esperando nervioso e impaciente a que Carmela se acerque a él y puedan dar sus primeros pasos hacia el ara donde romperían con tanto tiempo de noviazgo para dar paso a la etapa más importante de sus vidas.
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Dos años después Fausto conoció a Luciana una guapa secretaria que convirtió en amante, las diversas reuniones, almuerzos y cenas de la empresa se hicieron cómplices para que finiquitaran un romance que fue descubierto por Carmela al año y que determino el rompimiento de tres brevísimos años de matrimonio.
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Carmela me cuenta lo que Fausto ha hecho y no tengo ninguna manera de consolarla, su tranquilidad es extraña, aunque me repite que no puede creerlo, que no es justo, que porque a ella, y de repente rompe en llanto lleno de rabia. Su padre ha sufrido un colapso cardiaco y esta hospitalizado, su corazón no estaba aguantando que su menor hija sea victima de la humillación y la tristeza… Por un lado Carmela trata de ocuparse de otras cosas mientras Fausto esta no habido, me visita casi diario y lee algunos capítulos de un libro que no termino de escribir; ríe, llora, se divierte, me critica, me alaba, piensa, hace de mi novel literatura una catarsis “quisiera ser como tus personajes” me dice, la miro extrañado, ella ríe y me dice que son ricos en hipocresía, engaño, mentira, de todo… se lamenta no haber sido como Luciana.
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En un restaurante, llega Fausto con Luciana, Fausto me saluda a lo lejos con un tímido gesto, pensando en que lo criticare o juzgare se acerca y me da la mano, lo miro y miro a la ya famosa secretaria de Fausto, quizás la amante viviente de mis escritos, Fausto me hace una conversación trivial, no me interesa mucho saber de sus negocios y del viaje que hizo a México, de sus negocios; la mujer que se siente por como la miro va al baño y me mira de reojo por momentos, Fausto nerviosamente cambia la conversación.
- ¿Es guapa verdad? (dice)
- ¿Es todo lo que has podido conseguir? (le digo con molestia, pensando en Carmela, si es guapa, pero desmerecerla a Carmela por una rubia empomada, que tiene la mirada interesada, pienso en Carmela y su tristeza y la osadía de haber sido amante)
- Vamos, lo de Carmela y yo no funcionaba, no me juzgues tú también.
- No, no te juzgo, Carmela esta bien, así que despreocúpate, nos has hecho un gran favor en darle libertad.
- “Nos has hecho un favor”… ¿a que te refieres?
- Bueno, que pensamos que no era buena, sin embargo, he descubierto que tras esa sublime mirada de mujer enamorada y tierna, hay un volcán hirviendo a punto de erupcionar.

- Ten cuidado con lo que estas diciendo (dice amenazante)
- ¿Recuerdas como decíamos cuando atrasábamos a alguien con alguna chica?... ah ya decíamos “ya fuiste”… creo que deberías hacerte la idea.
Fausto se levanta de la mesa y va al encuentro de Luciana, que me mira nuevamente de reojo de manera maliciosa, y sale del restaurante.
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Carmela me llama por teléfono, esta enojada dice que he metido la pata con lo que le dije a Fausto, desde aquella vez la llama día y noche para saber con quien esta, le dije que le siga el juego, que lo convenza de ser una buena amante, se queda en silencio y concluye “okay, seré tu amante” y cuelga el teléfono.
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Carmela escribe un email contándome lo que finge cuando habla por teléfono mientras almuerza con Fausto, se inventa nombres, lugares, acciones, besos, caricias, tragos, momentos pasionales, siente que Fausto esta celoso y ya no ve mucho a Luciana, quien lo llama y él le miente diciéndole que esta en una junta o una reunión importante, “creo que lo voy a convertir en mi amante” concluye su email una recuperada Carmela.
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Un viernes por la noche un vaso de vodka y red bull me acompañan en la barra de un pub, una sensual rubia irrumpe a mi lado, me pide un encendedor, Luciana aspira su cigarro sin dejar de mirarme, -tengo que hablar contigo- me dice inquisidora; me dice que he roto un protocolo, que me he inmiscuido en asuntos de pareja y que iba a pagar por eso, que estaba siendo vigilado y que iba a morir en el intento, que Fausto ya no la busca hace dos días y que yo tengo la culpa, que sospecha de que esta con Carmela, fastidiado decido sacar el celular y marcar el número de Carmela, al otro lado de la línea unos gemidos sobresaltan a Luciana, vencida por los celos me toma de la mano y me lleva a su auto en donde resuelve sus ímpetus carnales.
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Carmela me llama a la mañana siguiente, me dice que esta renovada y lista para empezar de nuevo, le digo que estoy contento por ella que la noche le debió ser propicia y que si consideraba recuperar a Fausto era una buena opción, ella sorprendida me dice que no, que no ve a Fausto hace unos días, sorprendido le pregunte con quien estuvo ayer y concluye que acompaño a su papá en el hospital, confundido reviso el teléfono y avergonzado descubro que fue a Débora a quien llame, ella contesta así este en medio de un orgasmo, Carmela ríe sin parar.
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Carmela duerme esporádicamente con Fausto, le sigue haciendo creer que tiene otros amantes, le dice que duerme conmigo también, y me agradece el hecho de haber “interrumpido” a Débora, Carmela se transforma en algunos de los personaje que escribo, Fausto no quiere verme obviamente, Carmela espera recuperar de esa manera a Fausto, mientras que Luciana me llama al celular y serle infiel a Fausto.

miércoles, agosto 20, 2008

Fuerza de voluntad

La reunión en casa de Julissa llena de ex compañeros de un prestigioso colegio, de chicos de buena condición económica, me hicieron recordar a Tatiana, el mundo en el que se movía donde abundaba la moda, el glamour, las chicas A1, las que son siempre elegidas reinas de la primavera, que parecieran ser muñecas hechas con dedicación; de ojos azules, cabello castaño, pecosas, blancas, delgadas, de piernas suaves, bronceadas en verano y tersas en invierno, piercing en la lengua, enamorados blanquiñosos, de apellidos pomposos, de colegios privados, de universidades caras, un todo donde Titi estaba con la errónea idea de ser como ellas.
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Tatiana ha pasado por diversos apelativos, decía llamarse Tati, luego Tiana, después Tana; sin embargo para sus amigos era “La gorda”, “La porongo”, “La birra”, “El tanque”, pues sus 81 kilos y su orbicular anatomía la hacían el centro de las bromas, ella los tomaba con buena gracia aunque las bromas rebasaban los limites ella siempre tenia una cachetona sonrisa.
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Titi, como le digo de cariño vivió eternamente enamorada de Gerardo, el espigado jovencito de su colegio, capitán del equipo de fútbol, de cabello ensortijado, blanquito sin gracia, pero popular entre las chicas, todos los lunes a primeras horas de la mañana ya corría la voz de que Gerardo había hecho alguna travesura con alguna chica del colegio, Titi sentía perder oportunidad de tener una relación con él, aunque para todos era una utopía “Por favor Gerardo, ya pues gordita no te alucines manyas, o sea hellooo…” escuchaba repetidas veces cuando confesaba que le gustaba Gerardo y este ni se percato de su existencia, sabia de “La gorda”, la que llevaba los cigarros y ponía su casa para alguna chupeta, pero nada más.
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Terminó decepcionada cuando en una oportunidad Gerardo le jugo una broma; una carta supuestamente escrita por él donde la citaba a un cafetín, entusiasmó a la pobre e ingenua Titi, pues su acicalamiento de dos horas en el mejor estilista se fueron al tacho cuando se encontró con el “poca luz” un miope y cegatón compañero del salón, quien también engañado por la chica más popular fueron victimas de los menos populares y se genere a partir de ahí los comentarios y bromas más desagradables que obligaron a Titi a tomar una radical decisión.
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Durante el verano Titi dejo de frecuentar a sus amigos en reuniones del colegio y pre promoción, dejo de prestar su casa para las borracheras y complacer a sus amigos, de complacer a Gerardo para que besuquee a su antojo a Lita en su cuarto y soñar con ser ella a quien besuquee, dejo de escribir en su diario sobre él y prefirió romper esa negrusca etapa de su sentimental vida y empezar de nuevo, sin lloriqueos, sin penas, sin enamorarse profundamente; de sacarse los lentes y brackets, de hacer ejercicios y dejar las hamburguesas y demás antojitos que hacían más voluminoso su cuerpo.
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Decidió ponerse a una dieta estricta, salir a correr una hora diaria y dos en el gimnasio, probó todos los colores de lentes de contacto, cambio de look repetidas veces, empezó a trabajar en distintos sitios, bancos, fue barwoman, vendedora, etc; su cuerpo fue bajando poco a poco, fue tomando una forma que llamaba la atención, tuvo su primer enamorado, Titi se dio el lujo de terminar con él para estar un tiempo sola y divertirse un poco, de reírse de la vida y de regalarle una nueva con un casi espectacular cuerpo.
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En un reencuentro del colegio nadie, al menos los chicos, la reconocieron, incluso Gerardo se percato de la preciosura que había entrado a la reunión, pero Titi se volvió a dar el lujo de no bailar con él, de no seguirle la conversación e incluso de llamarlo aburrido, situación que le resquebrajo la popularidad y que le dio un cambio radical, Titi ya era popular y estaba en la lista de todas las fiestas y reuniones del colegio.
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Titi me llama, esta fuera de la reunión, salgo a su encuentro, esta bellísima, me pregunta quienes están dentro de la reunión, le bromeo diciendo que su amor de siempre esta dentro, ella no quiere saber de ese “aburrido”. Entramos a la reunión, sus amigas la saludan y “la gorda” me saca a bailar sin pensarlo, recordamos la primera vez que bailamos y su época en que era una chica adiposa sin futuro, asegura que la gorda ya murió, ella sonríe y me susurra al oído “Titi ya murió… llámame Tana: Fuerza de voluntad” finaliza coqueteándome.

jueves, agosto 14, 2008

Menú de sentimientos

Betzabe dice que me odia fervientemente (o al menos eso suele decirme, a veces sin motivo), dice que no la valoro y que soy desconsiderado con ella, que he sido un ingrato y que no quiere saber de mi; sin embargo suele timbrarme al celular una vez a las quinientas, cuando la llamo dice que se equivoco de número y marco el mío de casualidad, que estaba llamando a un amigo para salir al cine o a bailar, se que lo dice con la idea de que sienta celos y a veces creo que soy muy ingenuo o muy idiota para volver hablarle, suelo rendirme a sus encantos con facilidad y eso genera un fastidio en mi porque quiero odiarla como ella a mi… aunque me diga que me ama cuando se desnuda.
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Sara tiene un hijo que es un niño poseído, travieso, mano larga, boca sucia, en pocas palabras un prospecto delincuencial en potencia. Es madre soltera y me considera de manera exagerada, dice que soy su mejor amigo, la única persona que comprende lo que realmente le pasa, siempre dice que que haría ella sin mi; yo la verdad no se que hago con ella, tiene conversaciones, triviales e insignificantes, habla de sus amigas como si las conociera, pero lo que siempre resalta es mi notable condición de poder ser papá, sabe que no le creo porque quiere que me encargue del suyo, parece no tener ningún reparo para hacérmelo recordar; en alguna oportunidad, con una botella en la mano y con cantidades navegables de alcohol en la sangre se arrepintió de que yo no fuese el papá, yo le sonreía y le decía que estaba agradecido por el halago pero doblemente agradecido de no serlo… un hijo como el suyo no podría ser mío.
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July estaba preciosa la noche que la vi en su trabajo, aunque esta más delgada desde la última vez que la vi, sigue siendo un pecado andante, su cabello lacio, su piel bronceada, sus torneadas piernas y su principal encanto siguen intactos; me ha visto de lejos, me sonríe y su mirada es una invitación para bailar con ella, la tomo de las manos y la aglomeración de la multitud nos obliga a pegarnos más, siento su frágil cuerpo rozarse con el mío, me mira nerviosa, tímida, su bailar sigue siendo suave y provocador. Su mirada me dice algo que no se que es, sus dedos se entrelazan con la mía, mira directo a mis ojos, mira mi boca como si quisiera besarme, vuelve a sonreírme y gira ensayando algún paso de baile, me da la espalda y se menea sensual, coquetísima, me provoca, juguetea con su cuerpo, vuelve a mirarme y se acerca dejándome con el sabor de sus labios y el aroma de su aliento en un beso que me invita a pecar con ella.
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Laura ha dejado de verme, me ha dejado por su novio, no tiene nada de malo si no fuera por que nuestras últimas conversaciones se están volviendo algo más ásperas o indiferentes, me da la impresión que cada vez que la recuerdo con cariño, ella prefiere cambiarme abrupttamente de tema, convencerme con el hígado en la mano de que lo nuestro fue y ahí quedara todo (como si no supiera), lo recalca con inusual enfasis como si se fuese un insistente obsesivo, parece que ya no tolera mis halagos o mis comentarios subliminales, pareciera que quiere olvidarme por completo y a veces tengo la intención de desaparecerme, tan solo para hacerle el favor de olvidar que alguna vez fue infiel.
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Carola me quiere, me ama, me detesta, me odia, me quiere lejos, me quiere cerca, me quiere bailando, me quiere fumando, me quiere escribiendo, me quiere durmiendo, me quiere en su cama, me quiere deseándola, me quiere coqueto, me quiere serio, me quiere alegre, me quiere cuando quiere… un buffet de sentimientos, cuando quiera.

lunes, agosto 04, 2008

Un lugar para mí

“En el mundo en que yo vivo siempre hay cuatro esquinas, y entre esquina y esquina siempre habrá lo mismo”, dicta una canción de los Latin Brothers, mi mundo como le digo es un espacio reducido que me permite estar a solas y que me aleja de los demás por algunas horas, me ayuda a descongestionarme de los muchos sentimientos encontrados que tengo, de las cosas que me pasan y las que deberían de pasar, de las que pasaron y me arrepiento, de las que no pasaron y me vuelvo arrepentir, de las cosas que quiero, de las que tengo y ya no quiero, de las cosas que pasaron en ese espacio privilegiado, de sus personajes, de sus palabras, de sus deseos más fervientes, los más sublimes y los más perversos.
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La habitación alfombrada por partes color granate, de paredes color alabastro, ubicada en un edificio cerca de una céntrica calle de Lima, tiene un televisor de 24 pulgadas, a color y con señal de cable robada del vecino de a lado. Un baño con una tina añeja donde posiblemente se halla bañado Pierola, el grifo habría sido cambiado varias veces por no tener un buen drenaje, por lo menos viene agua caliente y la mayólica tiene algunas rajaduras que pienso cambiarlas poco a poco, una pared este mes y así… Tengo una mesa en donde escribo, una silla que tambalea y pide ser relevada, jubilada antes que soportar un minuto más mi peso, unas cortinas que oscurecen la habitación y amortigua el ruidoso bullicio de la calle, Un closet que guarda algunas cosas y que a veces lo improviso de refrigeradora… y la cama, inmensa, cuadrada, suave, dócil, esponjosa, provocadora, pecaminosa, confabulante, confiable, nostálgica, misteriosa, un baúl anatómico lleno de recuerdos, lleno de placer, lleno de sudor, lleno de pasión, lleno de resaca, llena de lagrimas, lleno de te amo, lleno de te quiero… el lugar, mi lugar.
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Un lugar para Virginia y sus anécdotas universitarias, de su viaje con Augusto a Máncora, de sus amigas y sus pijamadas, de sus historias de terror, su interés como el mío por lo enigmático, sus borracheras con vodka puro y los posibles encuentros con hombrecitos del espacio y su danzar al ritmo rave.
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Un lugar para las visitas de Miguel y sus yerbas por delivery, de sus tragos de dudosa procedencia, de sus falsos encuentros sexuales con Débora, los constantes favores de presumir con otras chicas de tener un cuarto propio y llevarlas a fornicar en mi cama, beberse mis cervezas y fumarse mis cigarros, de tolerar sus ronquidos cuando no tenia donde ir, de esperar que su viejo llegue a recogerlo y escuchar su llamada de atención, de no ser un buen amigo, en fin.
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Un lugar para Laura y su piel morena, de su cabello ensortijado y su posterior cambio de look al lacio, de su beso suave y su movimiento lento gozoso, de su respiración y gemir, de su espalda enjabonada, de su infidelidad, de su final a lo nuestro, de lo que me dejo, de su femineidad, su recuerdo, de su amor a quien pertenece y de lo único que me podía brindar… su amistad.
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Un lugar para Karina y su afición por ser más que un emos, vestida de negro, hablándote con la mirada hacia abajo y mostrando un ojo como si fuera la perricholi, de labios, ojos, uñas, sombras negras, de su literatura sub terránea, de su rock poseyendo mi equipo compacto y saumeándolo con un puro hurtado de su viejo, de su tatuaje en la pelvis, del Cristo en la espalda, de su piercing en el pezón, de sus palabras en latin o el tararear de alguna canción de Psicosis, coordinándolas con su movimiento sexual, de su huida con Jerónimo por el sur del Perú y su carta diciéndome que me amaba y que ahora si entendía lo que escribo.
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Un lugar para Dayana y su ímpetu por ser directora de cine x, de acondicionar la habitación como un set de televisión, de los guiones que traía y los leía sin dejarme de reír, de su fastidio por mi falta de seriedad para “el trabajo”, de cómo conocí a Leyla y su desenvolvimiento ante cámaras, de la exigencia de Dayana por que todo salga bien, sus mentadas de madre, sus ajos y cebollas, de cómo huyo de país con la consigna de no ser profeta en su tierra.
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Un lugar para Fabián, que en las noches de luna llena se convertía en Fabiola y tumbaba la puerta de mi cuarto en completo estado etílico, rompiendo los modales de su casi refinada apariencia para gritar con su real y viva voz su amor por mi, de sus deseos de revolcarme (o violarme) en la cama, de temer perder mi masculinidad y ser socorrido por los vecinos y serenazgo del lugar; para que después sus disculpas al día siguiente con algún regalo, sospecho que con la idea de que termine convencido de irme a la cama con él.
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Un lugar para esconder a Maritza de Germán, de su constante acoso, de no querer perderla y su intención de reconquistarla a cambio de su vida, de sus constantes llamadas al celular que con voz quebrada se disculpaba por levantarle la mano, por el miedo que le tenia y las ganas de no haberlo conocido, de no haberlo amado, de no haberse embarazado, de sus constantes e inconsolables llantos, de sus suplicas por quedarse a vivir conmigo, de los malos entendidos que me generaba su presencia y los llantos de su bebe en las noches, de cómo fingimos un orgasmo tras la puerta cuando Germán iba a tocar, al final salió del país gracias a un conocido que la llevó a Colombia y embarazarse nuevamente de algún sujeto de las FARC.
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Un lugar para mi donde puedo extrañar y llorar, donde pueda engañar y amar, donde puedo dormir y puedo soñar, donde puedo fumar y puedo pensar, donde puedo pensar y pueda escribir, un lugar donde me puedo esconder, donde me puedo refugiar, donde puedo despertar a la hora que sea, donde pueda dormirme en la tina, donde pueda ser yo… un lugar donde pueda vivir, donde pueda morir.

sábado, agosto 02, 2008

El novio de Daniela

Lina me ha vuelto ha timbrar por tercera vez en el día, milagrosamente se ha acordado de mi, sospecho que esta en algún tipo de problema, normalmente sus problemas suelen ser de corte emocional y siempre esta en búsqueda de querer conversar con alguien y a veces me arrepiento de ser yo quien tenga que oírla.
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Lina vuelve a timbrarme por cuarta vez y no me queda otra que llamarla, me saluda cariñosamente, me dice que soy un ingrato, que me he desaparecido, que me he olvidado de ella, que ya no la quiero, que con quien estaré, que porque no me dan permiso y cosas como esa. Atino solo a pedirle disculpas por mi ingratitud aunque a decir verdad es falta de interés, ella me perdona y me dice que en compensación tengo la obligación de ir a su cumpleaños, el último antes de que se vaya a España, ha invitado a todos sus amigos y al parecer será “la despedida”, le agradezco la invitación y me suplica que no le falle.
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Después de pensarlo bien y no teniendo ninguna alternativa no me queda otra que ir a su despedida con la satisfacción de no verla nunca más.
Abel y Fito me acompañan, donde halla chicas ellos estarán de todas maneras, compramos cigarros y unas cervezas en lata, Abel conduce cautelosamente su Hyunday gris que acaba de comprarse, enciende la radio y empieza una salsa de Gilberto Santa Rosa, preludio de que la dichosa fiesta tendría un buen termino.
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El frontis de la casa de Lina esta abarrotada de autos, no hay donde estacionarse Abel reniega y busca con paciencia un lugar tranquilo, mientras tanto Fito y yo bajamos para entrar a la casa de Lina; su casa es enorme, ella esta en la puerta recibiendo a sus invitados, al verme pega un grito que los asistentes no dudan en voltear, me da un beso y me estruja en sus brazos, Lina esta preciosa, los años en que no la he visto han servido para que su ex escuálido cuerpo se forme en una envidiable cintura, poderosas caderas y un generoso, sugerente y confabulante escote que mostraba el resto de su tonificado cuerpo, me dice que yo estoy igualito, que he engordado un poco pero muy ha su estilo “estas bien”.
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Me lleva del brazo hasta su sala, me presenta una amigas, me dice al oído algo que no logro percibir, al repetirlo me dice que espera que Alejandro venga a despedirse como se debe de ella, no insisto en decirle más, porque sabe mi respuesta y sonríe sonrojada.
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Lina y Alejandro habían tenido una relación extraña, difícil, desmesurada, llena de términos y reconciliaciones, pero eran la pareja del momento (en aquella época), Lina maltrataba, por decirlo de alguna manera, a Alejandro, era engreída, insoportable, atolondrada, exigente, mandona, celosa y todo lo que un tipo necesita para terminar con ella. Daniela, su mejor amiga era quien soportaba todas sus arremetidas y buscaba siempre darle algún consejo pero nada ella seguía igual de necia, mientras que Alejandro fue nuestro héroe por esos años donde nadie absolutamente nadie quería estar, (en serio) con Lina, un mártir que se comió 5 años y 10 meses y que a pocos días de cumplir un mes más decidió romper con la majadera de Lina, decisión salomónica que se espero con la consigna de que Lina recapacite y se de cuenta que perdía a un chico tranquilo, cariñoso, dócil, dulce y tierno como Alejandro; sin embargo Lina aprovecho su soltería para hacer y deshacer lo que quería, aparrarse con algún amigo en cualquier fiesta donde este Alejandro, hablar mal de él, chismear entre sus amigas que él la seguía llamando y que estaba “a sus pies”, buscaba a las chicas que Alejandro pretendía y les daba ciertos detalles, falsos por supuesto, de Alejandro, esos signos de celos irreconocibles le afectaron también a Daniela que seguía siendo su fiel amiga hasta que en algún momento dejaron de hablarse, empezó la arremetida contra Daniela hasta que el engreimiento le duro poco, pronto encontró a alguien que también la aguanto pero que le cuajo sus verdades y que hicieron de Lina una mujer diferente, pidió perdón a las personas que trato mal y poco a poco se fue ganando el aprecio y cariño de los demás.
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Sin saber hacía mucho tiempo de Alejandro, Lina le mando una invitación por su cumpleaños, quería verlo conversar, bailar, saber que era de su vida, quería pedirle perdón por sus niñerías y que lo extrañaba, Lina esperaba con ansias a Alejandro.
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Fito y Abel están en un jolgorio con Lucrecia y Karina, amigas de Lina y que a decir verdad están muy bien, a mi me dejaron con una gordita que me mira coqueta, fingiendo ser una nena tímida, alaba mis ojos y mis pestañas, me dice que tengo una linda sonrisa (yo creo que esta ebria) que debo de tener muchas chicas detrás de mi, tengo que pensar algo rápido y efectivo, prácticamente la tengo sobre mi creo que con intenciones nada tímidas, Abel y Fito se ríen y excuso una llamada de “mi enamorada”, salgo al patio a contestar la supuesta llamada.
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La noche transcurre con Fito hablándole al oído a Lucrecia, Abel tomando de la mano a Karina y bailando de manera sensual y calenturienta, mientras que yo aún tengo a la gordita encima, embobada, cuasi enamorada; los invitados se están yendo, quedan pocas personas, Lina pasa de un lado a otro, no la siento contenta, Alejandro parece que ya no viene.
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A las 4 de la mañana y con algunas personas en la sala, parece que se va terminando la fiesta de despedida de Lina, al menos yo quisiera que ya se acabe por obvias razones, Lina baila conmigo, me insinúa con su amiga, sonríe a medias, esta algo triste; en un momento mientras converso con ella deja de bailar y de detiene como hipnotizada, sonríe y me deja en medio de la sala, (situación que aprovecha la gordita para suplantar a Lina), detrás mío se apareció Alejandro, Lina se acerca le da un abrazo inmenso, emocionado, feliz, Alejandro le corresponde, le sonrie, esta alagre por volverla a ver, Lina lo jala del brazo para que se acerque a nosotros pero se retiene, nos saluda a lo lejos con la mano y le dice algo al oído, las chicas que aún estaban lanzan un alarido de emoción, la pareja sensación se había reencontrado.
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Pero a Lina la sonrisa y la alegría se le borró, Alejandro habla algo con ella y se despide, Abel le hace señal con una botella de cerveza para que se acerque, pero él dice que tiene otro compromiso, logro safarme de la gordita y voy a saludar a Alejandro, Abel y Fito me siguen, alcanzamos a escuchar “lo siento mucho Lina que tengas un buen viaje”, Lina le había pedido perdón por todas sus faltas y le había expresado algún sentimiento que guardaba, pero Alejandro toma sus manos, le da un beso en la frente y sale, nos saluda y lo acompañamos hasta su carro.
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Alejandro había venido con Daniela y tenía 3 años con ella y hace 6 meses se habían comprometido, Daniela sale de carro y nos saluda con cariño, Lina sale y ve a Daniela, pasmada por la escena regresa a su casa y cierra la puerta, Alejandro y Daniela se despiden y se enrumban a su compromiso.
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Media hora después, extrañados por la nueva pareja, con alegría de haberlos visto después de tiempo y nuestros inútiles intentos para que nos abran la puerta nos tuvimos que ir, sospechamos que podría haber fastidio, celos, llanto, culminaba una noche amarga para Lina… lo bueno fue que me libre de la gordita.

miércoles, julio 16, 2008

Sueños de papas

Cuando nací, hace ya mucho, mi padre me arropaba en una cama que no era muy blanda pero que con un poco de ingenio hacia del curtido y viejo colchón una cama de espuma; yacía a lado de la cama de plaza y media donde mis padres dormían. El techo era de cañas donde descansaban 4 planchas de esteras protegidas por un pliego de plástico azul, sostenidas por 6 ladrillos para que el aire no se lo llevase y mi pequeña casita se convierta en una coladora para la lluvia en invierno.
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Las paredes eran bloques de adobes que se confundían con los ladrillos que ocupan el lugar de los bloques de barro y cal; clavos y alcayatas era improvisados percheros que se venían abajo por el peso de la ropa y el desmoronamiento de la pared; en una esquina dividida con una suerte de cortina con el mismo plástico del techo estaba el baño, alguna silla servía para poner la ropa tras la escasez de cajones y algunas cajas donde se guardaba la ropa de “domingo”, yo era muy chico aún y mi madre sin embargo me daba junto con mi viejo ese calor que hacia imperceptible el frío inclemente que se colaba por el techo.
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Nace mi segunda hermana y Dios decidió que su angelito no podía vivir en ese pequeño cuartillo, así que decidió llevársela veinte días después.
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Tras esa terrible perdida mi madre no quiso regresar a esa casa y un tiempo después me halle en una en un segundo piso, una gran sala en la que podía jugar pero que en su soledad y tristeza me hallaba sin muebles, una gran mesa de comedor, un armario amarillo de madera aglomerada y las mismas sillas me hacían compañía; mi padre encontró un nuevo trabajo y mejoramos considerablemente, ahora si teníamos dos roperos, uno para mis padres y otro para mi y mi nueva hermanita; como todo niño hasta los juguetes mejoraron, tuve mi primer perro y una cama propia; mi tío me regalo un triciclo con un asiento trasero para llevar a mi hermana, teníamos un tercer piso en construcción donde habitaba mi perro, todo el espacio para mi y mis travesuras, un balcón que daba hacia un mercado, un balcón donde vi por primera vez a un joven político que llegó a ser presidente y que yo en mi inocencia lo imitaba robándole una sonrisa a mi madre, un balcón donde veía a mi padre a lo lejos llegar en su wolsvagen azul o todo un panorama de viviendas que invadían los cerros aledaños de aquel lugar llamado La Campiña.
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Un tiempo después nos fuimos a una casa cerca a un malecón, esa casa que tenia un techo de esteras como la primera, pero que con otro poco de ingenio se le aplico porciones grandes de barro, mi madre y mi tía artesanalmente confeccionaban una inmensa manta de yute y pabilo, convirtieron lo que había sido unos sacos de papas en inmensos telares para que cubrieran las mal aspectosas vigas y esteras.
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Viví 16 años en esa casa, fue dándose ciertas modificaciones como un altillo que se convirtió en un dormitorio, tuvimos que romper la pared para adquirir una habitación que abandonaron y que se entraba por un callejón aledaño, recuerdos como los tres días enteros esperando que el piso del baño secara por el cemento fresco que le había puesto mi abuelito materno, días cuando con mi abuelito paterno colocábamos la mayólica en la cocina, o con mi viejo cuando armaba una red de electrificación para los cuartos, riquísimos almuerzos en familia, cumpleaños felices, años nuevos, navidades, mis 18 años, la misma noche que mi padre me dijo que se iba, las discusiones con mi madre, la gente del barrio, mis lunas rotas de tanto jugar pelota, los planes de mi madre por ampliar la cocina, de techar la casa, contemplar el corretear de los pericotes, juguetear con mi nueva perrita, hacerla renegar, mordisqueando las almohadas, romper los floreros, hasta su deceso; días en que llore por alguien, días en que avergoncé a mi familia, días tristes, días alegres, el día en que mi viejo viajo para no saber cuando regresar.
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16 años pasaron y mi nueva casa tenia ahora una cochera, jardín delantero y un jardín al fondo, insistimos en otro perro, una sala de parquet y ahora si un techo de cemento, ya teníamos sillones y cama propia, una cocina espaciosa, una lavandería y un baño algo grande que mis amigos de la universidad la bautizaron como “la sala”, mi viejo que a la distancia enamoraba a mi madre con la idea de tener una casa propia, se apoyaba en nosotros para convencerla.
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Nos sumergimos en una búsqueda exhaustiva de casas quizás con la premisa de que ya estábamos grandes y pues el espacio nos quedaba chico, desperdiciamos varias ofertas de casas en buen estado, a precios módicos, con closet y demás, ante la amenaza de la dueña en apresurarnos en desalojar su casa, nos ubicamos en una casa que resulto ser más pequeña de lo normal, tras de las distintas impertinencias y constantes observaciones por “dañar” su ornato, decidimos al año irnos y seguir buscando.
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Una casa más espaciosa con closet, cuarto de servicio, dos baños, una sala grande, una cocina como le gustaba a mi mamá y la necesaria idea de abandonar a mi hermana, que ya era una señorita en su cuarto propio nos engatusó y nos quedamos 5 años. La idea de tener nuestra casita estaba cerca, mi padre por teléfono nos animaba a seguir soñando.
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El sueño de mis padres se volvió realidad el 7 de julio y aunque la casa es propia la alegría es a medias, porque el otro protagonista de los sueños aún se mantiene distante de su propio sueño, aunque ahora si, podremos esperar... un poco más, en un lugar fijo.

jueves, junio 26, 2008

Donde nadie nos ve

Joselito, es hijo de una de mis mejores amigas, ya va al nido y en sus precoses 4 años ya sabe, o al menos ya siente, lo que es enamorarse. La niña de carita angelical, sonrisa coqueta, astuta, vivaz, juguetona, con su look de dos colitas, cabello castaño y de dientes de leche, lo tiene cohibido, temeroso, abochornado, sonrojado; se esconde detrás de su mamá cuando la maestra le dice que es un niño aplicado y que siempre esta ayudando a sus compañeritas, sin embargo Joselito me ha confiado un secreto, la niña en cuestión es nada más y nada menos que su novia (según dice), en su inocencia se han jurado amor eterno, han roto la barrera de los gustos y se han prometido matrimonio. Joselito me cuenta que ya se da breves besos, detrás de los salones, por el mini zoológico, por la pequeña chacrita, cuando juegan a las escondidas, donde nadie los ve.
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Martha visita a Paola dos veces por semana, Paola esta casada con Armando hace un año; Armando tiene una fijación por Martha, en verdad es reciproca, Martha no solo visita a Paola por ser su amiga, sino porque una hora después llega Armando del trabajo, Martha se da el gusto de observar a su amante llegar a casa aunque no sea suya, Armando ya no se inmuta ante la presencia de Martha, es un actor de la infidelidad casi perfecto. Ambos han creado un mensaje subliminal, Paola no lo percibe, sabe que Armando es un coqueto desde que eran amigos y que piropee a su mejor amiga no es problema, pero lo que no sabe es que Martha y Armando trabajan un lenguaje que a simple viste es amical, pero que en el fondo están concretando una cita para verse, encontrarse, amarse.
Meses después Paola sufre un accidente en su casa que la imposibilita movilizarse, Martha, con una careta lastimera y piadosilla misericordiosa, se ofrece a atenderla, Paola la cataloga de hermana y piensa que haría sin ella. Armando decide convertir su estudio en el primer piso en el nuevo cuarto de Paola. Ya a media noche, mientras Armando la acompaña hasta que concilia el sueño, Martha lo espera en la habitación matrimonial para consumar su pecado, donde nadie los ve.
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Leonel vive con sus padres en un departamento en Miraflores, su padre es un estricto militar que desea que su único hijo le siga los pasos, añora verlo vestido de coronel del ejercito, sin embargo Leonel tiene su planes, pelea constantemente con su padre porque detesta ir a las celebraciones, cenas, homenajes castrenses que (para él) no tienen sentido; prefiere salir con sus amigos, conversar con sus amigas, guardarle los secretos y compartirle los suyos. Miriam le guarda uno y es que Leonel ha empezado a sentir esa extraña sensación de querer a alguien, esa libertad moderna, esas ganas de sentirse por primera vez querido, de sentirse vivo, de saberse amado, por que en si es reciproco, pero no exactamente en los brazos de una mujer.
Daniel y Leonel se conocen desde la pre, han pasado muchas cosas juntos, fines de semana interminable, salidas a discotecas, cines, restaurantes, han bebido hasta descarrilarse, conocen todas las comisarías, tienen varias denuncias y sobre todo han experimentado todo tipo de cercanías amatorias, y eso les ha permitido conocerse y porque no quererse más.
Daniel y Leonel experimentaron su primera relación sexual en un hotelucho de la gran Lima, escapándose de una pateadura que le propinaron a un travestí y que correteados por el enjambre de señores-señoritas no les quedo otro remedio que escabullirse en un hotel de media estrella… desde entonces Daniel y Leonel se esconden de su padre y de la sociedad en algún lugar, por ahí donde nadie los ve.
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Rebeca y Tomás tienen 6 meses de enamorados, se conocen hace muchos años y sin querer descubrieron un sentir que lo ha convertido en pareja, son del agrado de todos, los amigos en común los han calificado como una bonita pareja, se llevan bien y una química especial los acompaña a donde vayan. Sin embargo sus padres de Rebeca no están muy contentos con la relación, Rebeca los ha enfrentado estoicamente y ha defendido los sentimientos de Tomás, el amor que se muestran es sincero y lo notaria cualquiera, pero al parecer sus padres no; José Antonio, antiguo enamorado de Rebeca, era el tipo prometedor que empavonaba a cualquier padre, su posición económica, era tan marcada como su arrogancia, manejaba un audi del año, de esos que funcionan sin llave, salía a bailar a lugares VIP, la cerveza no era lo suyo, un brandy tipo escoses con Red Bull lo acompañaba toda la noche, restaurantes 5 tenedores, un champagne francés de regalo para el padre de Rebeca, un ramos de rosa de Rosatel para la madre, en fin seguridad total para dejar a su hija a salva guarda de no ser pobre nunca.
Tomás era más sencillo pero empeñoso y a Rebeca le gusta la creatividad de él para hacerla sentir persona, querida, importante, especial.
Rebeca iba a la playa con los chicos del barrio junto con Tomás, usaba un atrevido y sexy bikini, un pareo multicolor, sandalias, lentes oscuros, sus pómulos embarrados de bloqueador y un sombrerito de paja, sus padres había salido de viaje y ella esperaba a Tomás leyendo una revista de modas en su sala. Tomás al verla tan espectacular, por decirlo así, siente esa atracción propiamente humana, sin embargo no le dice nada, pues la respeta demasiado y si se iba a dar pues era muy pronto.
Un día de verano mientras Tomás esperaba en la sala a Rebeca para ir nuevamente a la playa, se aparece con la misma ropa de baño, ella algo sexy, atrevida lo mira y dice -se como me miras- y lleva de la mano a Tomás a su cuarto.
Ajena a sus deseos por estar en un hotel, atenta contra la osadía de su hogar, durante la ausencia de sus padres su cama y la de ellos era usurpado por la pasión y el deseo; cuando sus padres regresaron de viaje, Rebeca acondicionó el sótano de su casa para los encuentros furtivos con Tomás, ahí donde nadie los ve.

viernes, junio 20, 2008

Alguien llama

Despierto a las 3 de la mañana, mi celular ha vibrado junto a un cigarro que no termina de consumirse y que humea aromatizando el cuarto con su tabaco añejo, el celular resbala con su vibrar poco a poco hacia el precipicio de la mesa de noche, me apresuro a socorrerlo y contesto, una respiración leve, suave, se oye al otro lado del teléfono, adormitado pregunto repetidas veces quien es, sin embargo la persona que ha despertado violentamente mi descanso atina desconsideradamente a colgarme.
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A la mañana siguiente revisando el celular me percato que la llamada anónima de las 3 se conservo en “retenida”, fácil alternativa para no dejar sospecha en el oyente, herramienta para poder llamar a una persona sin que la otra sepa de que número esta llamando prioridad que solo tienen los celulares, obviamente que la pregunta es una ¿Quién me estará llamando?, difícil de saberlo.
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Huly, una chica preciosa de 19 años practicante de periodismo es audaz e intrigante, siempre esta sonriente a pesar de que nuestro jefe, un viejo cascarrabias que lleva años luz en el periódico suele ponerse boca a boca con Huly, ella me invita constantemente a una discoteca que esta a pocas cuadras de periódico; yo que no soy muy fanático de las discotecas y menos del centro de Lima le prometo que alguna vez iremos, sin embargo me mira incrédula y acepta esperarme.
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Es sábado, dos de la mañana, he tenido un mal día omo para contestar el teléfono, nuevamente en retenida y la pesadez de mi voz, nuevamente la respiración parece querer contestarme, se anima pero nada.
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4 de la mañana y nuevamente el celular, pienso que debería de apagarlo, pero mi jefe solía llamarme hasta muy tarde para cubrir una balacera, un asalto, un secuestro, un atropello, en fin; una salsa de moda suela al fondo de la llamada, sospecho que Huly debe de estar en alguna fiesta, bailoteando hasta no más poder, pero una voz embriagada, masculinamente afeminada se disculpa y prosigue -disculpa que te despierte pero quiero decirte que me gustas- y cuelga, ya no pude dormir.
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La voz de las 4 am, me deja intrigado, en el trabajo miro fijamente a todos los compañeros de redacción, diagramación, recursos humanos, fotografía, archivo, diseño, vigilancia, etc., etc.; y todos actúan de manera natural, el sujeto lo sabe disimular muy bien, le cuento a Huly sobre la vespertina anécdota y ella enseguida rompe en una carcajada interminable y por momentos contagiante. Huly me confiesa que un gay, amigo suyo, le pidió hacerme una broma; la ocurrencia la celebro y me cuenta como lo hizo.
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Saturado de su insistencia, me animo a ir con ella a una discoteca que ubicada en el sótano de una galería retumbaba su swing con gran estruendo, el olor a Lima antigua, a madera de antaño, mezclada con humo de cigarro, marihuana y cerveza, hace del momento una sesión semi orgiástica, Huly baila endemoniadamente bien, sensualmente atrevida, sin complejos, sin tabúes, sin privaciones. Embriagada balbucea en mi oído, la música no me deja escucharla, se deja caer en el asiento y bebe su único vaso de vodka con red bull, Huly me mira con ciertas ganas; el baño del antro se convierte en lo más pecaminoso de la noche.
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Minutos después el celular vuelva a sonar, nuevamente en retenida, le muestro el celular a Huly y en lo agitado de momento contesta, una voz femenina le responde preguntando por mi, Huly responde -estoy tirando con él llama luego- y cuelga dejando caer el celular en el inodoro… el celular timbraba en fondo del miccionado retrete.
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Recuperado de un ahogamiento casual, mi celular recupero su telefónica vida, se reanudaron las timbradas en opción retenida, y las respiraciones y breves sonidos me hacían sospechar que se trataba de Vivian… Sin embargo un fin de semana, una voz femenina, sin nombre, de voz suave y sensual, me corteja, me apasiona, me desea, a las 3 de la mañana, desde entonces.

martes, junio 03, 2008

El motivo de tu infidelidad

Laura estaba sentada en la tercera fila del salón cuando la conocí, pegada a la ventana conversaba con sus mejores amigas de la universidad, era lunes y es costumbre hablar sobre el fin de semana. Alguna fiesta, alguna reunión, algo hicieron entre el viernes y el domingo, Laura paso el fin de semana con Matías, su enamorado, fueron al cine y luego fueron a comer pizza a Miraflores, caminaron por un rato hasta llegar a su casa, a Laura le gustaba caminar y si era con Matías mejor.
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Los chicos en el salón se le acercan y coquetean muchas veces de manera obscena con Laura, sin embargo ella segura de sus sentimientos a Matías no se enfrascaba en seguirle la corriente a los demás, callada y sumisa se mantenía sin hacerles caso, no toleraba que alguno le coloque el brazo sobre su hombro, ni le hable cerca al oído, su bailar era suave y mesurado, esquivaba sutilmente esas manos calenturientas de sus compañeros que al ritmo musical deseaban rozar por lo menos parte de su deliciosa cintura.
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Yo la veo desde lejos, su andar pareciera transformárla sobre una pasarela, un andar fino y discreto, espigada con la espalda recta, la mirada por todo lo alto, paso firme sin avergonzarse, sin sacudir el cabello de manera exagerada… todos los días la misma imagen, todos los días a la misma hora, todos los días esperando en el mismo lugar, y sin embargo ella nunca me miro.
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Cuando dejo de venir a clases se hacia extrañar, algo habría pasado cuando un día se apareció y se sentó detrás mío alejándose de sus compañeras, quienes mandaban indirectas poco sutiles, los chicos la seguíamos amando así se halla peleado con quien quisiera. Le veía el rostro desencajado, triste, fingí perder un lapicero por entre sus pies y me apresure a buscarlos sin darle tiempo de que me prive de ver sus piernas, disculpándome recogí el lapicero y ella me sonríe sin inmutarse dándome un ligero permiso para buscarlo, le devuelvo la sonrisa y sigo concentrándome en la clase o al menos eso intento.
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Sus continuas faltas la obligaron a pedirme prestado el cuaderno para sacar unas copias, una ayuda que no me puedo negar, el extiendo no solo mi ayuda sino para todo lo que necesite, ella me vuelve a sonreír y con un gracias me pide que la acompañe a sacar copias, hablamos poco, así que para que la tertulia sea más fresca y ágil le ofrezco un café, ella se niega y con otra sonrisa me dice que podría ser la próxima vez.
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Los días siguientes las indirectas de sus ex amigas se hicieron más notorias y ella parecía montar en cólera, se perdía de la conversación que teníamos, ella se disculpaba por su distracción, pero no logra sacárselo de la cabeza, algo le abrumaba y a manera de desahogo me cuenta.
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Una de las chicas le ha contado a su enamorado que ella tiene un affaire con un chico de la universidad, al parecer él les ha creído a ellas dudando de Laura, ella le ha dicho que no es cierto que como pudo haberle creído y dejar que la relación se corte por una mentira tan vil como esa, sin embargo él, pragmáticamente, ha decidido que la relación no va más, Laura sospecha que una de ellas quiere estar con su enamorado; yo por otro lado, convertido en el abogado del diablo le pongo los pro y los contra, hablándole de los beneficios y los maleficios que tiene la infidelidad de por si, ella me escucha como si estuviera en una clase, se sonroja por momentos y añade un par de cosas, Laura quisiera volver con Matías, pero yo no.
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El ciclo pasó, Laura y yo seguíamos en comunicación, me dice que ira a la universidad para ver lo de su matricula, quiere encontrarse conmigo. La veo en la universidad nos damos un abrazo conversamos de cómo estamos y empieza con lo de Matías, me lo cuenta de manera jocosa, me cuenta que sus sospechas eran ciertas, una de las chicas esta detrás de Matías, sin embargo él le ha dicho un par de cosas que han herido su sensibilidad de mujer y envuelta en un fastidio irreconciliable le ha dicho una deliciosa barbaridad… exactamente soy su amante o su affaire, que llevamos mucho tiempo viéndonos, que salimos, que soy mejor que él, que hemos hecho planes, todo esto claro esta en sentido alegórico.
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Absorto por su ingeniosa y arriesgada alucinación, termino por felicitarla por ser tan original y valiente, Laura sonríe, siente que se ha quitado un peso de encima, sospecho que Matías no era gran cosa para ella y creo que se ha dado cuenta de ello. Durante toda la conversación Matías le timbro un par de veces al celular, ella contesto a la cuarta vez y le aseguró que estaba muy ocupada para atenderlo y le cuelga con la rabia de no soportarlo.
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Caminamos un buen rato, ella tomaba mi brazo con confianza, nos reíamos de alguna ocurrencia, le hablaba algunas cosas de mi, ella me contaba de su familia y sus planes, hasta que Matías insistía con una nueva llamada, le pedía verse nuevamente, conversar, volver a empezar, Laura se resistía, Matías le rogaba y ella se mantenía fría, imperturbable -Lo siento mucho Matías- y colgó… caminamos unas cuadras más y antes de despedirse me pide disculpas por haber usurpado mi existencia, yo solo le sonrío y le pido que no tiene porque disculparse, yo encantado con ser su amante, yo hubiera hecho lo mismo le digo, ella se sonroja y sonríe.
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Le tomo la mano y nos damos un beso, su besar es tierno, suave, delicado, un silencio se produjo entre nosotros y antes de embarcarse le pido que me timbre al celular para saber que llegó bien, ella vuelve a sonreír y se va.
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A medianoche, como todas las noches a partir de ese día, me llama, su voz se escucha sexy y algo sensual, llegó bien a su casa, que ahora podía dormir tranquilo, que la pasó bien y que soy especial, me dice que Matías nos vió, su mentirilla sobre tener un amante se volvió realidad; hasta cuando le pregunté… desde entonces Laura guarda silencio.

martes, mayo 13, 2008

La última vez

Milagros me envía un mensaje de texto al celular, hace mucho que no se de ella, dejó de tímbrame al celular y de enviarme correos contándome como le estaba yendo, nos desligamos por completo.
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Milagros y yo tuvimos una relación en secreto, en mensajes o llamadas a media noche, coordinábamos nuestros encuentros furtivos cada cierto tiempo, pasábamos todo un día entero en la habitación de un hotel, solíamos alardear en nuestra estancia con alguna botella de vino o sangría, echados en la cama envueltos entre sábanas, conversábamos de nuestras vidas o nuestros quehaceres cotidianos, ella me hablaba de sus estudios y yo de mi trabajo, mirábamos la televisión, comentando alguna película.
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Terminaba acariciándome con sus piernas, nos dábamos los besos profundos, entrelazando sus dedos por mis cabellos, su suspiro se mezclaba con su gemido, su cuerpo transpiraba placer, la fragilidad de su cuerpo era pecado, la suavidad de su piel sensible era recorrida por el permiso de su mirada, con sus labios entre abiertos, la luna conspiraba con su silueta, su movimiento fino y delicado… la sensación de saber que no era mía en su totalidad, se convertía en adrenalina… Milagros se recostaba en mi pecho, suspiraba y concluía… “tengo que irme”… y terminábamos acariciándonos en la ducha enjabonados.
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Milagros me llama para confirmarme la cita de hoy, le digo que todo ya esta listo que nos encontraremos en el mismo lugar de siempre a la misma hora, muy a su estilo solo responde un okay a secas… la siento rara, la conozco.
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Separo la habitación, la chica de la administración me mira como si mi presencia fuera un secreto, como si me pidiera que la invite a ser parte de la conspiración, me da la habitación de siempre, pregunta si me lleva algo de tomar, le sonrío diciéndole que por el momento no, ella me sonríe coqueta.
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Tiro la llave de cuarto, me tumbo en la cama y enciendo la tele, la pareja anterior al parecer se ha sentido estimulada por una película pornográfica del circuito cerrado del hotel, una sonrisa me esboza del rostro sin embargo prefiero cambiarlo y busco algún canal del fútbol.
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Milagros llega media hora después, al abrir la puerta me sonríe y me da un beso en la mejilla, situación que me sorprende, normalmente me regala un beso en los labios, ella deja su cartera en la mesa que adorna la habitación, me pregunta como estoy, me acerco a ella, la invito a sentarse, ella se sienta al borde de la cama, mira el televisor y busca un canal musical, al otro extremo de la cama esta una cajetilla de cigarros, le ofresco uno, ella acepta, la piropeo y sonríe sonrojada, baja el volúmen de la televisión, me mira con preocupación y toma aire.
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- Siempre es un gusto verte (Me dice)
- Uh! Que seriedad… para mi también, hace mucho que no se de ti.
- Si he sido algo ingrata, discúlpame.
- Descuida, a ti te perdono todo… siempre y cuando no abuses eh.
(Y sonríe, toma mi mano y se acomoda mejor en la cama)
- Tengo algo que decirte, y no quiero que lo tomes a mal.
- Vaya, suena grave, ¿estas bien?
- Si, estoy bien… pero, no se trata de mi sino de “nosotros”.
- ¿Nosotros?
- Bueno tu no exactamente, si no ah… bueno
- Ah entiendo… si, si… bueno no, no recordaba que tu, bueno… ¿tenemos que hablarlo aquí y ahora?
- Es importante y delicado para mi ¿si?... bueno
(hace una pausa, toma aire y continua) me voy a casar.
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Un silencio sepulcral deambuló por la habitación, fui soltando su mano poco a poco y fume vagamente, me puse de pie y camine hacia el sillón a lado de la ventana, Milagros mira el piso como si hubiera cometido un grave error al contármelo, mientras yo fumo de manera parca sin dejar de mirarla.
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- Sabes, tu y yo sabíamos que esto podría darse y la verdad lo he venido pensando hace mucho tiempo, ensayando como decírtelo y lo que quería es compartírtelo a ti primero, tu sabes lo mucho que significas para mi y así como hemos pasado momentos intensos aquí en nuestra soledad, esto que para mi es trascendental no podía ser para menos… yo se que te he tomado de sorpresa y quizás… también te afecte… no me mires así porfis.
- No es que la verdad estoy… sorprendido, me he quedado… anonadado, estupefacto, turulato
(Milagros sonríe), la verdad no se que decirte…
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Milagros fuma de a pocos y vuelve a mirar el piso, me acerco con la intención de que no se sienta mal, o sola quizás; tomo sus manos y arrodillado ante ella le digo que estoy feliz por haberla conocido, de haberme regalado lo mejor de su sentir, de haber sido mi amante en estos años, le confieso mis celos por su afortunado y futuro esposo; recordamos nuestra primera vez y la vez que discutimos como si fuéramos una verdadera pareja y nuestro método para reconciliarnos.
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Pedimos un champagne para celebrar su futura boda, brindamos por su esposo, por los hijos que vendrían, por que me extrañaría, por la falta que le haré en algún momento, por los celos que podrían provocarle alguna nueva amante, por lo que nos ocurrió, por lo que vivimos.
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Esa vez que nos vimos volvimos hacer el amor, quizas por última vez, volvió a decirme que me extrañaría, que había sido un buen hombre, un buen amigo y un buen amante… cuando estaba por irse me mira a través del espejo, sonríe como si faltara algo, voltea y me abraza, la siento llorar… “te quiero mucho” finaliza, y me da un último beso, camina hacia la puerta, voltea y me mira, “ya no tengo porque irme… siempre me quedare contigo”, sonríe y se va.
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Me quedo unos minutos más y la contemplo irse por la avenida, con su andar presuroso, me animo a llamarla al celular, a lo lejos contesta, “tienes mi número… llámame” le digo; después de una pausa me contesta “lo haré”… sospecho que esa no sería la última vez.

viernes, mayo 02, 2008

Yo confieso

Confieso que en noches como esta deseo fornicar tu cuerpo en cada parte y ángulo de tu desnudez, encapricharme con tenerte y contemplar tus ojos con la maliciosa intención de conservarte por esta noche, esta noche que deseo que se torne inmensa, eterna, inacabable.
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Confieso que en meses como estos extraño a la gente de mi barrio entroncharse un porrito que abandone por que no me dejaba estudiar, días en que después de jugarnos un fulbito usurpábamos la paz de un parque cercano para conversar y tomarnos un vino añejo que quedo de alguna fiesta, y carcajearnos hasta media noche, esperando valientemente a que la policía llegue para correr a escondernos detrás de los árboles o de los arbustos ya crecidos de aquel malecón.
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Confieso que extraño conversar contigo y reírnos de alguna ocurrencia, pero que sin embargo me engalanaba con mirar tus piernas y desear acariciarlas tan solo por comprobar si son tan suaves como las presiento.
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Confieso que he tenido la debilidad de desear a otra persona que no seas tú, de serte infiel otra vez, de ocultarme en esa exquisita sensación prohibida de dos cuerpos desnudos y la adrenalina de no decirte que hice aquella noche.
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Confieso que me gusta amar a alguien musicalizada con música árabe, de utilizar tu cuerpo como un instrumento oriental que me regalen notas musicales que se inspiran en tu cuerpo, o enfrascarme en algún tema de Coldplay.
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Confieso que he timbrado a tu celular miles de veces tan solo para que sepas que estoy ahí, que te preguntes que querré, que sepas que conservo tus mensajes antiguos y que por alguna razón no las quiero borrar.
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Te confieso que miro tu hi5 de vez en cuando con la intención de saber que estas bien, que quisiera escribirte algo que te motive a buscarme, que en verdad guardo muy en mi inconciente esa deliciosa sensación de poder tenerte una vez más, de darte un beso prohibido, de tomar tus manos, de perturbarte con la mirada, que entiendas mi lenguaje, que me acerque más de lo debido, que sepas que pretendo conseguir de ti.
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Confieso que me cuesta olvidarte porque me enseñaste a ser infiel a los terceros y serte fiel en muchos aspectos de nuestra vida, que tu sola mirada hace detenerme y no pensar en nadie más.
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Confieso que mi amigo aún me considere a pesar de que le he sido desleal, o más bien, le hemos sido desleal, que siempre me cuente los problemas contigo y que coincidentemente sea yo el artífice de su sospecha por tu infidelidad.
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Confieso que extraño la universidad, por la gente que compartió conmigo su vida y se extraña esos días prvios en que los parciales se tornaban multifacéticos, los trabajos en grupo terminaban con una botella de ron mezclado con Coca Cola y cajetillas de cigarro, amanecidas interminables de tertulias, conociendonos más, futuros romances pasajeros, encerronas en el sanitario, sutiaciones pecaminosas que se fabricaban entre las 3 o 4 de la mañana, olvidándolo al día siguiente y recordándolo nuevamente en otra trabajo.
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Confieso que he usurpado la habitación donde pernocto, o donde pernocta mis padres, que en mis sueños te recuerdo en esa habitación, que recuerdo que se llenó de luz una noche en solitario, y que nos entregamos en cuerpo y alma por nuestra travesura mediática.
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Confieso que he tenido ganas de llamarte, de decirte que quiero verte, que quiero salir contigo, pero te confieso que la privación que tienes, se ha puesto como una muralla frente a mi, y me disfraza de temor, impotencia, de que extraño verte y mis noches sabatinas dejaron de ser las mismas, confieso que siento, que quieres pedirme cosas prohibidas, que te enseñe a ser infiel, que cuando me miras de lejos me pides un beso telepático, que cuando he bailado contigo sientes que exploro tu cuerpo como una serpiente en medio del Sahara.
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Confieso que deseo a mi mejor amiga, y a pesar de mis subliminales comentarios hacia ella, siempre me regala una sonrisa creyendo que son bromas en doble sentido, aunque confieso que me pervierto con otra, que además hay una chica que me busca y desea una aventura, el problema es que yo no, que la peor enemiga de mi ex quiere enseñarme su última lencería, que por cierto… le queda muy bien.
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Confieso que tengo muchas cosas que decir, aunque se que Dios me las perdonará, pero creo que volveré a caer… a veces me pregunto si hay un cielo o un infierno para mí.

miércoles, abril 09, 2008

Viernes de confesiones

Bien dicen que lo niños, los locos y los borrachos dicen siempre la verdad, aunque son los borrachos los que más se acercan a tan disparatado y a veces acertado concepto.
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Los chicos habíamos decidido irnos de farra un viernes por la noche, era la despedida de soltero de Fabián, muy conservador él, no quería que algo pomposo, atrevido o lleno de sensualidad y erotismo, quería finalizar su vida de soltero con nosotros como siempre lo hemos hecho, con su par de chelas y hablando huevada y media.
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Maritza estaba en casa celebrando también su despedida de soltera, pero la reunión parecía tornarse aburrida, el strippers que contactaron no llego nunca, es entonces que July me manda un mensaje al celular, “¿donde están? Estamos aburridas”, les cuento la noticia a los chicos que sin pensarlo dos veces salimos al encuentro de ellas.
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Media hora más tarde llegamos a casa de Maritza, Vanesa y Rebeca nos reciben en la puerta con sospechosa alegría etílica, un abrazo eterno como si hubiésemos llegado de viaje, Gerardo abre la maletera y saca las dos cajas de cerveza que compramos previamente y entramos, Maritza estaba aferrada a los brazos de su futuro esposo, July se acerca, me saluda y me toma del brazo “gracias por venir” le sonrió con cierta indiferencia, ella lo presiente pero no dice nada.
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Por un lado Vanesa que hasta hace algún tiempo ocultabamos un romance que no prospero por sus intenciones de formalizarlas, pues no contaban ni con mi consentimiento, ni con mi aprobación, así que decidió dejarme por un banquero que me doblaba la edad y que por obvias razones el apuro de un matrimonio y porque “se le pasaba el tren” decidió prometerle el oro y el moro. Vanesa ya algo alegrona por las dos botellas de ron que había bebido, se acerca a mí y me saluda con un riquísimo y sonoro beso que sobre salta a July, “siempre va ser un gusto verte” y me jala del brazo desligándome de July y me saca a bailar un reggaeton “me gustan tus pasitos… ¿como es?” la sensualidad de la canción que decía algo como “sin ropa al desnudo, al desnudo, haciéndolo bien lento, a oscuras” se prestaba a que Vanesa se sumergiera en el controversial tema y viviera el ritmo en su sangre, haciéndola vibrar sexy y sensual, Vanesa me provocaba y de que manera.
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July me mira a lo lejos esta algo celosa, entra a la cocina a la vez que Vanesa entra, Marcelo es el invitado de honor de Maritza, Marcelo es gay confeso desde hace un par de años y le gusta estar con nosotros en este tipo de reuniones, normalmente se pierde en alguna disco de ambiente los fines de semana. Marcelo me mira con cierta coquetería que a los chicos fastidia, aunque a decir verdad no creo que me mire con ese tono. Nos saludamos y conversamos un poco, Marcelo esta algo picado, sus movimientos son más marcados, y bailotea al ritmo de un merengue, Gianice improvisa ser su pareja y Ursula me saca a bailar, Marcelo baila a mi lado y nos hacemos bromas, le sigo los pasos a manera de coreografía, y celebramos con un salud por los futuros esposos. La tertulia con Marcelo paso por política, fútbol, moda, estética y farándula, Marcelo se reía finamente de algún comentario en doble sentido, “eres un coqueto” y me peñisca la barriga, “quería decirte algo” me decía “¿cuando podemos conversar?” le asegure que lo llamaría para encontrarnos, aunque en el fondo no lo iba hacer, cuestionado sobre que podía conversar con él, le pedí que me lo dijera, después de muchas negativas y sin saber como decírmelo se atrevió después de beberse de golpe una copa de whisky, “¿es cierto lo de tu y Viviana?” sorprendido lo pienso un par de veces y le confieso de que si, que somos amantes, Marcelo sonríe como si se conviertiese en cómplice, su manera de mirarme cambio radicalmente y continua:
- Y es cierto que eres bueno en el ring (y ríe sutilmente)
- Bueno, eso no te lo puedo decir yo.
- Vivi dice que si, pero yo no me guío por los comentarios, yo soy un chico de hechos.
Marcelo parecía encenderse por el whisky que surcaba su ser y lograba ponerme en aprietos, provocandome solo sonreír nerviosamente.
- Me ha dicho que eres un chico que experimenta ¿es cierto?
- Bueno… depende del experimento (Me confabulo en una reciprocidad mediocre)
- ¿Y no quieres experimentar conmigo?

Solo atino a sonreír y Marcelo parece esperanzado en que nuestro revolcón se concrete, cuando Paula se acerca y me saluda, rápidamente la saco a bailar… Marcelo me hace un salud coqueto.
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Renato esta algo ebrio, hace payada y media con la intención de que ser gracioso y ameno, sin embargo su agitado bailar parece que hace colapsar su sangre y tener ganas de vomitar, corre al baño y empieza ese espectáculo bochornoso que le puede pasar a un sujeto, lo sigo junto a Enrique y arrodillado empieza a lamentarse por lo que ha bebido, por lo que ha comido, Maritza junto con Ursula se acercan y nos alcanzan toallas húmedas, July se acerca con una botellita de alcohol, Renato le fastidia que ellas estén viéndolo así, Enrique les pide que salgan, lo ayudamos a que se siente en la taza del water y recostando su cabeza en la pared balbucea algo, Enrique lo anima “ya tío tranquilo ya paso, descansa”, “¿quieres algo?” le pregunto, me mira y se sonríe, “si, si quiero algo… deja de coger con Viviana”. Enrique sorprendido me mira y lo calla.
- Este huevón sabe que me cago por ella y este bien que se la culea ¿no huevón?
- Hablas huevadas tío, ya descansa ya
(le dice Enrique)
- Tu cállate que no sabes ni mierda (Enrique me mira y le hago una señal de que salga)
- Escúchame Renato… (Me justifico)
- No escúchame tú, pensé que eras mi amigo huevón, confié en ti y ¿Qué?... ¿Qué mierda es lo que haces?
- Lo siento mucho Renato, no sabia eso, en verdad.

Lo dejo llorando en la taza del baño July estaba en el pasadizo esperando con los brazos cruzados.
- ¿Es cierto eso? (Me dice con un tonillo de avergonzada)
Y sale rumbo al patio trasero de la casa de Maritza, sospecho que con la intención de que la siga.
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July esta sentada en una banca del jardín trasero de la casa de Maritza, llevo una botella de vino blanco que robe de la cocina y dos copas, me sonríe y le invito un cigarrillo, tomamos vino y antes de hablar de nosotros preguntamos como estamos. July tiene un novio que no le gusta compartir ciertas diversiones con ella, verdaderamente se divierte cuando no esta con él, conversamos de muchas cosas, reímos juntos, nos damos un salud por nuestra amistad, recordamos la ultima reunión que tuvimos, de nuestras conversaciones los fines de semana y de que no dejará de gustarme, ella bebe un trago de golpe y dice “tu también me gustas pero...” y quedo ahí, ante el intento de acercarme a ella para besarla sin que me lo impida, aparece Maritza obligándonos a regresar a la sala, al entrar por el pasadizo July toma mi mano, entrelazando sus dedos y me dice “vamos a bailar”.
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July baila con coquetería y sensualidad, nos pegamos para bailar una salsa sensual y mirándome a los ojos y los labios me dice.
- Te diría que me besaras
- Pero…
(Le contesto)
- Estoy con alguien
Me acerco a ella y la beso, ante las vivas de las chicas.
- Yo no puedo estar contigo (me refuta una vez más)
- Yo no quiero que estés conmigo (le increpo)
- Entonces (Pregunta sorprendida)
- Quiero que me beses cuando tú quieras

Fue entonces que ella me besa, dejándolo ahí.
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Al día siguiente en mi celular figuraban varios mensajes de texto, Marcelo me pedía disculpas por el incidente, lo mismo que Renato, Vanesa me escribe diciendo que se siente avergonzada por que se entero de mi aventura con Viviana y por le beso que le di a July, Enrique me escribe diceendo que me guardará el secreto y July… que quiere volver a besarme.